lunes, 21 de enero de 2008

Diálogo intercultural


La visita del Muftí de Damasco (jurisconsulto islámico suní, encargado de interpretar la sharia o ley islámica) al pleno del Parlamento la pasada semana provocó una extensa polémica. La visita se enmarcaba dentro de las invitaciones realizadas por el Presidente Poettering, conservador alemán, a líderes religiosos como el Gran Rabino, representante de los judíos europeos, y el Papa Benedicto XVI con vistas a favorecer el diálogo intercultural que celebramos este año en la Unión Europea.

Pero, ¿por qué invitar a una autoridad religiosa? ¿Por qué a un representante de un país donde se reprime la democracia y la libertad de expresión?¿Estaremos convirtiendo al Parlamento en un templo, olvidando el prudente consejo evangélico de "A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César"?

Mi impresión personal es que el Muftí, que ha sido parlamentario en Siria, nos dio pura y llanamente un sermón. Sin embargo, no careció de interés. Afirmó que la destrucción de la Kaaba (el centro del culto de la ciudad santa de La Meca) sería menos dañina que la destrucción de una vida humana, pues la Kaaba se reconstruiría mientras que una vida humana perdida no podría serlo. En todo caso, no creo que el pleno del Parlamento sea el lugar idóneo para recibir a un religioso de estas características, donde, en las sesiones solemnes, es tribuna habitual de los jefes de Estado y de gobierno. Ha de haber, y de suyo la hay, aunque a veces se olvida, una división tajante entre política y religión.

Apoyo el diálogo con representantes religiosos pues favorece la resolución de auténticos problemas dentro de nuestra sociedad tales como la financiación de mezquitas (o de iglesias) y el lugar de la religión (musulmana, católica, judía, evangélica, etc.) en la educación. Y si favorecemos el diálogo interconfesional en nuestra sociedad que es cada día más plural, también debemos hacerlo con las sociedades de origen de buena parte de nuestros conciudadanos venidos de Casablanca, de Lima o de Kiev con las que mantenemos lazos más cotidianos.

Aquí es donde doy el salto a la "Alianza de Civilizaciones" pues el diálogo tiene sus límites. La "Alianza de Civilizaciones" busca unos resultados a este diálogo. La ONU y el Parlamento Europeo apoyan la iniciativa española. Mayor Oreja se niega en redondo a suscribirlo hasta el punto de que acaba de dimitir de su ponencia sobre terrorismo porque no quiere referencia a aislar el terrorismo utilizando también esa vía de alianza. El gesto de Jaime coincide con la presencia de Ruiz Gallardón a un encuentro para impulsar dicha alianza. En cualquier caso, la Alianza de civilizaciones y el diálogo intercultural parecen imprescindibles instrumentos de paz en la hora presente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

texto mucho mejor que los habituales pero el teniente de alcalde es víctor de la concha,presidente de la Academia