lunes, 3 de diciembre de 2007

Ángel González, doctor honoris causa


En mi tiempo de Consejero de Cultura afloró una primera maniobra para marginar del claustro universitario a los que, junto a Ochoa, eran los asturianos más eminentes: Paco Grande y Ángel González. El científico y el poeta que profesaban al otro lado del charco. La inercia apenas rompía aún silencio y orden. Me quise desquitar tirando voladores desde la balconada municipal cuando llegó el Premio Príncipe de Asturias. Esta mañana vuelven las cosas a dónde Alarcos pretendía. No está Don Emilio, pero sí Josefina con aquella su palabra y su compromiso con la filología.

Es alta y reparadora, pues, la Justicia solemne que, en estrados y en plenario, sin viejas heridas ni fisuras, imparte hoy la Universidad de la ciudad cero removida.

Una tarde introduje en una conversación con Ángel a Moisés Molín, un joven artista, que luego me diría:”Gracias, pues tuve la misma sensación seguramente que aquellos que conocieron a García Lorca: haber hablado con el mejor poeta de la lengua española”. Medité mucho esas palabras desbordantes, dichas con inocencia, sin ánimo de trascender. A Rafael Martínez Nadal y a Pepín Bello les oí algo parecido cuando mentaban a su amigo Federico. Ángel es, en efecto, el mejor. Cerca sin duda Valente…Gil de Biedma y otros ya idos. Su lucha, tenaz, contra el viento vale muchísimo más de lo que pesa su ser sobre el suelo. Últimamente todos lo reconocen pero está muy bien que Rector y cuatrocientos años de nuestra Universidad abracen a su nuevo doctor. Todo lo consumado en ese amor, no será nunca gesta de gusanos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Eso de los números uno es complejo de medir pero, desde luego, es de los mejores de nuestro tiempo y vale como el mejor vivo

Luis dijo...

Escuché en las noticias de la SER que este año vuelves a llevar a chavales de Aula Joven a conocer Europa y su Parlamento. Me parece una gran iniciativa, especilamente beneficiosa para nuestros jóvenes. Desde luego estás en todo.

Saludos.

Anónimo dijo...

Enhorabuena, Antonio. Estoy contigo en que es un acierto y una reparación este doctorado Honoris Causa, pero también en que Ángel González es el mejor poeta vivo y el primero de su generación.Francisco Trinidad

Anónimo dijo...

El número uno sin duda:

MUERTE EN EL OLVIDO

Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

Angel González...
Siempre serás, como el bosque, imperecedero.
Descanse en paz.

BOSQUE

Cruzas por el crepúsculo.
El aire
tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso, de tan impenetrable.
Andas. No dejan huellas
tus pies. Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu
cabeza. Un pájaro no sabe
que estás allí, y lanza su silbido
largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color: es como el eco
del mundo. Eco distante
que tú estremeces, traspasando
las últimas fronteras de la tarde.


INVENTARIO DE LUGARES PROPICIOS AL AMOR

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.

Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia ( con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.

M.M.

Anónimo dijo...

te llaman porvenir porque no vienes nunca...