miércoles, 26 de diciembre de 2007

Lucha contra el extremismo

Una de las iniciativas ha sido la resolución contra el ascenso del extremismo que se aprobó en la última sesión de Estrasburgo. El informe llevaba el nombre de un joven diputado socialista búlgaro, Kristian Vigenin, y destacaba la preocupación del Parlamento en relación con el resurgimiento de movimientos extremistas, de cualquier signo, que basan su ideología en la incitación al odio y en el ultranacionalismo. Lo hemos visto en España, como bien destacó en su intervención el eurodiputado convergente Guardans, con el asesinato en plena Puerta del Sol de Carlos Palomino por un grupo neonazi o con la vergonzante humillación a que sometía en el metro a una inmigrante dominicana el famoso energúmeno cuyo nombre recordar no quiero.

Aquí, en Bruselas, el partido secesionista flamenco, Vlams Belang, echa leña al fuego de la crisis institucional provocada por la falta de gobierno que sufre Bélgica desde hace seis meses. Cuanto peor mejor, parecen pensar estos grupos que juegan con la moral y los sentimientos. Su bloque interrumpe las intervenciones ajenas para, luego, quejarse de que no se les deja hablar. Por su parte, el representante italiano del Partido de Refundación Comunista la pifiaba al quitar hierro al extremismo considerándolo una enfermedad de juventud, mientras parafraseaba a un Lenin que no parece haber leído. Es triste que Izquierda Unida Europea se haya presentado en el Hemiciclo en contra del Tratado de Lisboa con camisetas idénticas, del mismo diseño, proveedor y fabricante, que Le Pen.
Contra el extremismo, contra la simplificación entre buenos y malos, entre nosotros y ellos, necesitamos conocimiento de la realidad, racionalidad para analizarla, tolerancia siempre. En España está habiendo brotes de racismo que, aunque larvarios, han de ser cortados de raíz. Sabemos que los inmigrantes que hemos recibido han contribuido al extraordinario desarrollo material experimentado en el último cuarto de siglo. 2008, año europeo para el diálogo intercultural, será una oportunidad para profundizar en el conocimiento y en el desarrollo de la convivencia. La mayoría del Parlamento lo tiene claro.

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