miércoles, 26 de diciembre de 2007

En la fuga de Norman Mailer




Norman Mailer ha muerto hace unos días. Es, a no dudar, uno de los mejores escritores contemporáneos. Casi una vuelta al naturalismo del siglo XIX pasado por el estilo del reportero periodístico de hogaño. Gracia Noriega le dedicó en La Nueva una necrológica llena de pinceladas eruditas como todo lo suyo. También me ha interesado saber que, como sospechaba, la Fundación “Príncipe de Asturias”, y en su nombre Natalio Grueso, director ahora del avilesino Centro Niemeyer, lo tenía contactado, supongo que en genial iniciativa de Graciano García, para traerlo a los Premios, quizá para premiarlo pues ya había salido en varias quinielas. Es lógico pues si ya pasaron por esta vicaría Arthur Miller, Sontg, Doris Leasing. Paul Auster…no debería faltar Mailer. No pudo ser y bien que lo siento. Los entusiasmos por Norman no fueron unánimes. Miller coincidió aquí gozosamente con Woody Allen pero hubiera desdeñado hacerlo con Mailer, al que Marilyn y él manifiestamente no soportaban. A mí, no obstante, confieso me gusta mucho. Su obra “La canción del verdugo” sobre el crimen de Gary Gilmore en Salk Lake City me interesó sobremanera, también en su aspecto de indagación en la criminología y en la pena capital. Me atrevería a decir que incluso me interesó más que “A SANGRE FRÍA”.Sin duda que hay evidentes concomitancias y que Mailer es deudor de la temática misma de Capote pero igual que le pasó a Clarín con el adulterio provinciano de Emma Bovary: lo supera sin que pueda sostenerse acusación alguna de plagio. De todas maneras, Capote, descubridor del género, gana en su capacidad de trabajo personal si es cierto que se lo curró apenas solito mientras que Norman tuvo asesores, colaboradores y hasta “negros”.Les une su deuda con el estilo de investigación periodístico que ha hecho preguntarse a algunos ¿lo suyo era o no Literatura?.Tuve ocasión de discutirlo públicamente con el crítico Francisco García Pérez y los novelistas Juan José Saer y Julio Ramón Ribeyro en los encuentros hispanoamericanos” del Teatro Campoamor de 1990 (pags 179-186 de la publicación), inolvidables veladas encargadas a Juan Vega y a Miguel Munárriz, felizmente editadas:

“Ribeyro.-(replicando sobre Capote, Mailer, Wolfe…) no es una novela empobrecida, sino un reportaje mejorado(…)
Saer.-Sí, pero fuera de la literatura.”

Discutible, en efecto.

Por otra parte hay momentos de la vida de Mailer que son puro relato literario. Algunos poco conocidos como su colaboración con Paco Benet y Barbara Probst Salomom en la preparación de la famosa fuga del Valle de los Caídos, donde cumplían pena de trabajos forzados Manuel Lamana y Nicolás Sánchez Albornoz, en los finales cuarenta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Extraño o inaudito que Masip recuerde a Juan Vega, su antiguo colaborador que luego ha dado tantos tumbos por no decir otra cosa dura y descalificadora