sábado, 29 de diciembre de 2007

Auriculares



En el Babel europeo juegan un papel imprescindible las cabinas de interpretación a cuyo trabajo multilingüe se accede por auriculares. Lo mismo ocurre en todos los foros internacionales. Son así visibles y significativas las imágenes de diputados que escuchan en su propio idioma lo que no pueden entender directamente. Hace unas semanas, Javier Solana destacaba el número llamativo de senadores norteamericanos que habían oído sin auriculares el discurso en francés del presidente Sarkozy en Washington. Pusieron así de manifiesto que, en un país en el que muchos parlamentarios se vanaglorian de carecer de pasaporte y de no conocer tierra alguna lejos de sus Estados, una élite habla -o, al menos, entiende- francés. No pocos han sido educados en Harvard y otras universidades de tradicional prestigio que daban importancia a la lengua de Molière, hoy en evidente crisis.

En los hemiciclos del Parlamento europeo, en Bruselas y Estrasburgo, no cabría una observación como la resaltada por el Alto Representante para la Política Exterior, pues aquí se escuchan las interpretaciones a veinticuatro lenguas que se rotan constantemente en los micrófonos, lo que convierte en insignificante el seguimiento sin auriculares. Además, algunos los utilizan como altavoz para seguir al orador de su propio idioma. Saber lenguas es, no obstante, fundamental para romper las barreras internas europeas. Nuestro país y sus nacionales con una lengua tan hermosa como la cervantina, padecemos, sin embargo, limitaciones ancestrales que deben superarse radical y paulatinamente. Quizá sea excesiva, hogaño, la propuesta de algún político popular local de introducir el inglés en la enseñanza de «cero a tres años», pero la tendencia debe ir, sin vacilaciones, en el sentido de convertir por lo menos en bilingüe a toda nuestra juventud en el plazo de media generación. El Ministerio y las comunidades autónomas tienen planes y dan pasos loables. No es, sin embargo, solamente un problema de la escuela pública sino de la sociedad toda, objetivo del que no deberían marginarse las instituciones locales que, con políticas serias de hermanamientos, intercambios y profesores de apoyo deberían ayudar a subsanar carencias que sufre todavía el sistema.

Los pasos por la cultura y la igualdad -¿quién tiene y quién no profesores de apoyo o cursos en el extranjero?- han de ser contundentes. Una Europa sin auriculares resulta utópica, pero el acercamiento a ese objetivo es ineludible. Hay que transitar por un camino que se desvió cuando, ya en 1941, se obligó a doblar todas las películas: España es el país que más lo sigue haciendo, seguido a distancia de Francia, Italia y Alemania. Suecos, portugueses, lituanos, búlgaros, finesesÉ usan menos los auriculares, aunque sean todavía necesarios.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El aprendizaje de idiomas es el básico de los nuevos horizontes de la educación.No se comprende que en Asturias se haya negado en la enseñanza de 0-3 y luego se insista tanto en el asturiano,lengua sin literatura ni interés alguno.Son carencias que pagan luego los menos pudientes, como se viene a decir en el artículo que en ese aspecto está bien