martes, 20 de noviembre de 2007

Hacia un teatro de la ópera

Oviedo ha acuñado en sesenta años una vinculación a la ópera mayor -mucho mayor- que la de cualquier otra ciudad europea de doscientos mil habitantes, Italia aparte. Es un hecho cultural, histórico, turístico y económico indiscutible. Es imagen de marca.

Desde la cuna he sentido próximas las penurias financieras que afectaban a nuestra temporada, en medio, siempre, de bulliciosas polémicas en la inolvidable «Los puritanos». Hubo ocasiones en que subir el telón fue un auténtico prodigio. Eran, sin embargo, muchas las raíces de la afición, que ya están descritas en «Su único hijo» de nuestro Clarín. Hacen bien la Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera y el Ayuntamiento, una vez conseguida la estabilidad a que puede conducir el espíritu y la sustancia de la enmienda presupuestaria del diputado Álvaro Cuesta, en dar un giro a los afanes para centrarse en un nuevo teatro, propio para los montajes que se pueden llevar a efecto en ciudades menos, digamos sin ofender a nadie, operísticas. No en vano tenemos en Emilio Sagi a uno de los mejores directores de escena del mundo, que ya inspiró a finales de los ochenta el benéfico y radical cambio de formas y prioridades que se inició con aquel sorprendente «elixir», ubicado en Llanes.

Estamos en un momento delicado y decisivo en el que se pueden cometer errores irreparables. La necesidad está confundiéndose con la precipitación de pretender un crecimiento costosísimo y complejísimo del Campoamor que destrozaría un coliseo que ha sido nuestro orgullo, sede de las entregas de los premios «Príncipe de Asturias», y que resultaría una verruga en la piel de la ciudad. No hay más que ver el plano dibujado por el arquitecto Rivas, reproducido por LA NUEVA ESPAÑA (17-10-07). Sería como colocar, en la trasera, multiplicado por mil, el culo que ya está de forma impropia en la fachada. Se rompería también la armonía de lo que queda de Santa Clara y supondría otros desajustes estéticos y urbanos.
La ópera de Oviedo tiene que mantener la centralidad del Campoamor. La oportunidad está en la parcela del Vasco, que, como recordó aquí Wenceslao López, ha de mantener la vocación de uso público. ¿No se había pensado sucesivamente para Escuela de Arquitectura, Facultad de Bellas Artes y oficinas y salones consistoriales? No ignoro tampoco que ha sido objeto reciente de especulación en maniobra aún no finiquitada, pero, en cualquier caso, tendríamos fijado justiprecio para una recompra si fuese imprescindible.
No ignoro -y me duele- que la ciudad podría tener otros objetivos sociales más apremiantes en sus barrios o incluso en su educación escolar: a mí me encantaría que, como en alguna otra ciudad del Norte, el Ayuntamiento se implicara en que todos los escolares tuviesen opción a un profesor de apoyo para la lengua inglesa, que los haría más iguales, pero estoy partiendo de que se da prioridad al teatro de la ópera como equipamiento en el capítulo inversor. Si queremos de verdad ese teatro, el Ayuntamiento tiene que mojarse con el suelo y con un proyecto que haga honor a ese nombre.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hasta ahora parece lo mejor

Anónimo dijo...

Tanto reprochar a los socialistas el no apoyo a la ópera y ahora ante una propuesta muy seria para el Teatro a Gabino esa polémica no le interesa para que no le toquen su Siglo XXI de marras

Al dijo...

Ahí les has dado, exacto Antonio has estado genial, la propuesta es correcta, no se habian enterado del flanco que han dejado al descubierto.
La reforma del campoamor es un disparate, parecido a lo que ha hecho con la parcela del Vasco, ¿Que dirá el imbecil de Neira cuando machacaba con aquello y se calló con el disparate de Gabino?
Animo, te estas recuperando estupendamente.