lunes, 8 de octubre de 2007

Soldaditos de plomo



Recuerdo bien cómo jugábamos en nuestra infancia con soldaditos de plomo. Hoy, inaceptables como juguetes porque afectan a la salud, se han convertido en piezas de coleccionista a precios, a veces, desorbitados. El contenido en plomo en los juguetes ha saltado, en todo caso, a las portadas de los periódicos por la reciente decisión de la multinacional norteamericana Mattel, fabricante de la muñeca Barbie, de retirar del mercado de forma voluntaria millones de juguetes fabricados en China por su alto contenido en plomo. Es la pintura con contenidos plúmbeos la que levanta en primer lugar este revuelo.

La Unión Europea está tratando de conseguir un marco común para la comercialización de los productos y la vigilancia del mercado de este tipo de productos con directivas que se preparan para 2008. Se puede, no obstante, lograr con una mejor utilización de la legislación existente a juicio de la señora Kuneva, nueva comisaria rumana y máxima responsable en protección del consumidor de la Unión Europea. Así, no se requerirían mayores cambios legislativos, lo que estaría en línea con los principios parlamentarios de legislar menos y mejor. Por fin, ante las presiones europeas, China anunció recientemente que dejaría de fabricar juguetes con plomo.

Un blindaje de seguridad sanitaria del comercio, más necesario ahora si cabe, tras este negligente atentado contra la salud infantil, se espera conseguir para comienzos de año. Me preocupa, no obstante, como parlamentario, que los asuntos que afectan a China se miren con tolerancia por su peso en la economía mundial. Los chinos, más de una vez, han respondido de forma inmoral ante críticas a sus estándares de calidad.

Europa se presenta, en cambio, como un garante de los derechos del consumidor en el caso de Mattel o en el de Microsoft, como ha reconocido recientemente el Tribunal de Justicia Europeo al confirmar las sanciones impuestas por la Comisión Europea al gigante informático de Bill Gates. Los 500 millones de consumidores integrados en la Unión Europea tenemos la fuerza y la voluntad de impedir que la globalización se convierta en una carrera a la baja en los niveles sanitarios y sociales.

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