lunes, 10 de septiembre de 2007

Palestina



A Álvaro García, nuevo joven experto de la Unión Europea en Jerusalén

La semana pasada se celebró en la sede del Parlamento en Bruselas una importante conferencia internacional sobre el apoyo de la sociedad civil a la paz entre israelíes y palestinos, organizada por Naciones Unidas.

Me interesaba escuchar a Danny Rubistein, del periódico Ha´aretz, equivalente israelí por su calidad a "EL PAIS", que ha seguido durante cuarenta años el conflicto. Destacó que hoy, en Israel, existe un auténtico apartheid y que, por tanto, la única solución consiste en dos estados para dos pueblos. Afirmó también que Israel puede vivir sin los asentamientos ilegales, incluso sin Jerusalén pero que los refugiados palestinos no pueden aspirar a volver a sus posesiones de 1948 pues eso conllevaría la desaparición de Israel misma. Se atrevió a señalar una demanda que considera irrevocable no sólo para los palestinos sino para todos los árabes: la capitalidad de Jerusalén.

Pierre Galand, antiguo senador belga; buen amigo, al que conocí, aquí en Bruselas hace treinta años; presidente de Oxfam e infatigable valedor de la causa saharaui, resumió las peticiones de su red de asociaciones pro-palestinas: destrucción del muro, embargo de productos y organización de una segunda conferencia internacional de paz en Madrid.

Pierre explicó cómo el muro cantoniza el territorio palestino y consolida, como tantas veces en la historia del estado de Israel, conquistas bélicas que establecieron supuestas fronteras temporales por motivos de seguridad nacional.

Se discutió mucho sobre el embargo. Con mi compañero Carlos Carnero, soy muy escéptico antes los posibles efectos benéficos de tales medidas puramente voluntaristas. Impone tales padecimientos a la población que en vez de favorecer un cambio de régimen no hace más que consolidarlo (Cuba, Irak de Sadam, etc.). Es lo contrario de lo que creo que debemos intentar: romper el muro físico y mental de una sociedad democrática como la israelí para favorecer el impulso de negociaciones auténticas con la Autoridad Palestina.

La causa palestina cuenta con un sólido apoyo social. Utilicémoslo para conseguir que los políticos de la región suban otra vez la escalinata del Palacio Real de Madrid en busca de un acuerdo regional aceptable para todas las partes en liza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Eterno problema difícil de enfocar su solución desde la perspectiva europea;todo pasa por América