lunes, 9 de julio de 2007

Unión Mediterránea



La reciente propuesta de Nicolás Sarkozy de sustituir el llamado Proceso de Barcelona, al que ya me he referido en esta columna, por una nueva entidad, la Unión Mediterránea, que excluiría a los países europeos no mediterráneos, ha recibido calurosas adhesiones entre marroquíes e italianos y más templadas en medios españoles.

Un amigo, Martí Grau, buen europeísta, me señalaba un gran inconveniente de partida en la nueva gran idea sarkoziana. Si se compara esa futura unión mediterránea con el nacimiento de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en la Europa de la posguerra, habría de aclararse que aunque los medios eran entonces puramente económicos, los objetivos finales iban lejos (se habían presentado planes de reunificación de los ejércitos alemán y francés que fracasaron por la negativa de la Asamblea Nacional francesa); es más, se trataba de una fuerte voluntad de futuro común.

Simultáneamente, Sarkozy ha hecho gala de actitudes despectivas con los jóvenes de los barrios marginales, en su mayoría de origen inmigrante, llegando al calificativo de "chusma". ¿Cómo predicar el entendimiento entre las sociedades cuando no es capaz de acercarse a sus conciudadanos? El mismo Sarkozy apenas ha hecho campaña electoral en estos distritos.

La Unión Mediterránea nace como una asociación desigual, entre estados, donde Francia pretende primar por peso y tradición. El Presidente galo ha hablado grandilocuentemente de "reunificación después de doce siglos de división". Andrea Canino, presidente del "Consejo para la Cooperación Económica" en el Mediterráneo, que apoyó el discurso de Sarko en un reciente artículo, lo planteó como un mercado entre ricos, que recibirían el gas, y pobres, que enviarían mano de obra barata. ¿Cómo pretenden aumentar el comercio cerrando un ámbito tan importante como es el agrícola, donde Sarkozy defiende sin ambages el proteccionismo más chovinista?

El Proceso de Barcelona no ha dado, por otra parte, en efecto, los resultados esperados. En esas condiciones, y dejando de lado todos los inconvenientes, mi amigo me aconsejaba que deberíamos tener la habilidad de sumarnos al impulso y a la centralidad que Sarko quiere dar al Mediterráneo. Sería también una cuestión de oportunidad. No habrá, sin embargo, que olvidar la condición necesaria de resolver conflictos políticos, como el del Sáhara Occidental, que bloquean las relaciones en la ribera Sur del Mediterráneo y que lastran su desarrollo armónico.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Su plateamiento me parece sumamente ligero. Con mezcla de conceptos de referancias historicas desposeidas de calado. Si no fuera porque le he venido leyendo, interpretaria su articulo como falto de madurez.
¿No piensa que el Mediterraneo fué origen y motor de la cultura europea, espejo de la civilización occidental y, por ende, de su proyección transcendente?

Anónimo dijo...

gracias,siempre por todas las opiniones que recibo