viernes, 15 de junio de 2007

Aquel 15-J



Recuerdo un poco antes de aquellas calendas que Rubén Suárez, periodista y buen amigo, me pronosticó, con "absoluta certeza", que en cuanto se muriese Franco la transición sería completamente pacífica. A mí, sin embargo, me parecía difícil. Salíamos apenas del empeño del régimen de volver a la pena de muerte con juicios sumarísimos enloquecidos. Pero la paz y el buen sentido tenían raíces profundas y se impusieron con un modelo en el que se siguen mirando tantos países que aspiran a consolidar la libertad. Ya sé que las grandes decisiones, incluida la legalización comunista, se tomaron previa consulta a la Iglesia y a la embajada americana. Por encima de tutelas de tiempos y pasos, el resultado fue bueno y las colas de votación del 15-J el mejor testimonio. El papel de varios asturianos (Sabino Fernández Campo, Fernández Miranda, Carrillo...) fue muy principal. Lugar aparte, y en letras de oro, merece un "asturiano en Asturias": Rafael Fernández, cuya moderación y talante tanto influyeron en los jóvenes que entonces accedíamos desde la pancarta y el grito a las instituciones. Aquel día algunos --cuánto recuerdo a Aida y a Paco, a Cristina, a la feminista María José, a Pello, a José Luis Iglesias, a María Jesús, a Hevia Carriles...-- aparentemente perdíamos y otros ganaron --inolvidables e históricos Gómez Llorente, Barbón, Honorio, la Pasionaria, Alfredo Prieto, Luis Vega, Alonso Vega, Wenceslao Roces, Palacio, Atanasio Corte, De la Vallina...-- pero todos logramos una satisfacción enorme e indescriptible: la democracia había llegado y en el país se respiraba tranquilidad.

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