lunes, 7 de mayo de 2007

Laboral onírica



Durante cinco veloces años contemplé frente a mi ventana de colegio mayor el espacio inhóspito donde luego, de las sucias espumas del Nervión y de las cenizas de su ribera, surgió el Guggenheim, bloque de titanio, cincelado por los dioses. Nunca lo imaginé, como tampoco la transformación de La Laboral gijonesa, que pasa de más o menos emblema de un régimen decadente a encarnizar la última modernidad. Sin embargo, reconozco y me descubro ante las palabras de una de sus creadoras a EL COMERCIO: domeñar el espacio con recursos oníricos. Sí, en Asturias ha habido gente que, en los peores tiempos del bajonazo industrial, ha seguido soñando y ha conseguido desquitarse de lo que fue una pesadilla. Al final, el Guggemheim es una maravilla sin contenido y La Laboral, continente y contenido, es el Guggenheim elevado al cuadrado, que decíamos no ya en tiempos universitarios sino escolares. Si es al cubo lo veremos con la pátina de los años, el capricho y el acierto de los dioses y la adaptación de la vanguardia, que de momento reside en su casa onírica de La Laboral.

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