domingo, 27 de mayo de 2007

Aquisgrán



Todo lo que se refiera a Aquisgrán -Aix la Chapelle para los franceses- debería recordarnos a Oviedo, la otra gran capital de la Europa cristiana del siglo IX. Tiempos de Alfonso II y Carlomagno, emperadores con arquitectos y urbanistas de primera talla.

En Aquisgrán otorgan el premio al europeísmo, que con todo merecimiento recayó este año en nuestro Javier Solana Madariaga, alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común. Con este motivo, Javier pronunció un discurso que es pura clarividencia, promoviendo el papel de Europa como lo que debe ser: factor de paz, estabilidad y progreso.
En el discurso maneja con el cuidado de un científico los elementos que constituyen el objeto de su estudio. También están presentes la filigrana del diplomático y el buen castellano de quien, no en vano, fue ministro de Cultura y es pariente de don Salvador de Madariaga. No se olvida ni obvia nada en su análisis de la realidad continental: Europa es una comunidad de derecho, se basa en unos valores compartidos y ha funcionado gracias a la tríada de la fortuna que constituyen la ampliación, la profundización y la reforma constantes. Propone, asimismo, mejoras a nivel comunitario en las competencias, la comunicación, el gasto y la política exterior.
Como demócrata y europeísta creo que el no francés a la Constitución puede contribuir a una profundización en lo que queremos hacer juntos en Europa. El debate fue enriquecedor y ahora es el momento de presentar soluciones ya ineludibles. El nuevo presidente francés se ha lanzado como el rayo para proponer una salida del atolladero constitucional en que nos encontramos. Parece que Francia se da cuenta en política exterior de lo que Alemania sabe desde hace mucho tiempo: con el traje europeo es más fuerte y más influyente en el mundo que con la boina gala. Gente como Javier lleva trabajando mucho tiempo para abrirnos a todos los ojos ante esa realidad. Los cooperantes europeos en los cuatro rincones del planeta bien saben que se nos ve como una fuerza conciliadora y pacífica que ejemplifica un proyecto de paz y de entendimiento.

Escuchando y leyendo a Javier Solana, pero sobre todo siguiendo su frenética actividad, se comprende que sea el intérprete más cualificado y representativo de Europa. Sus palabras de Aquisgrán son una lección inolvidable de europeísmo y sentido común.

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