lunes, 16 de abril de 2007

Churchill en su borrachera



El historiador Hugh Thomas, que es conservador pero amigo mío, sostiene que el presidente americano Franklyn D. Roosevelt fue el ciudadano al que más debe el siglo XX. A mí, cada vez que le leo -o leo sobre él- Churchill me parece quizá no el mejor pero la personalidad más fascinante. Roy Jenkins, antiguo laborista y ex-presidente de la Comisión Europea, nos ha legado un retrato imprescindible; tampoco tiene desperdicio, a otro nivel, el diario de uno de sus secretarios, John Colville, que, en su versión española, acabo de cerrar.

Churchill fue un genio de la política que incluso, aunque esto le importó muy poco, alcanzó el premio nóbel de literatura. Además de sus razonamientos y decisiones, a mí me interesa mucho su carácter personal. “Anatomía del coraje” y “La lucha por la supervivencia” fueron los significativos títulos de los libros de su médico de gabinete. Resistió al fascismo, al comunismo, al hundimiento europeo pero también a sus propios defectos y miedos. Su biógrafo Kersaudy, señala que sus grandes éxitos también se explican por una impresionante acumulación de “irrealismo, impulsividad, falta de profesionalidad estratégica, narcisismo desmesurado, egocentrismo furioso, peligrosa ingenuidad, terquedad en el error, desprecio por las convenciones, autoritarismo y una soberana indiferencia por las aspiraciones populares”. ¿Cómo pudo aguantarse borracho horas antes de momentos históricos decisivos para la humanidad? Algunos de sus colaboradores como Anthony Eden, ministro de exteriores y futuro premier, aguantaba, dicen, peor sus rondas de sobremesa. El otro Aristóteles- Aristóteles Onassis- sostenía, en el lado opuesto, la actitud higiénica ortodoxa. Ante una jornada decisiva no había que comer ni beber apenas la noche anterior. Con Winston se rompieron todos los esquemas y las isquemias también. No lo entiendo pero ha sido así y, aquí, en esta Bruselas capital de una Europa que quería unida pero sin el Reino Unido, hay que seguir estudiando al personaje.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

eduardo barreiros, gallego universal

figaredo dijo...

Entro en tu blog más que por afinidad política, por instruirme, no hay un comentario del que no aprenda algo, y este de churchill me da deberes para dias.
Agradezco que pongas tu conociiento en la red al servicio de los que tengan interés en compartitlo.