lunes, 19 de marzo de 2007

Bramido

Millás y la pléyade de maravillosos columnistas madrileños homenajean de vez en cuándo a María Moliner y su imprescindible aportación clarificadora. A mí me prestan más Manuel Seco y sus dos colaboradores que me ponen en contacto, como el colombiano Cuervo y Caro, con la inserción de la palabra en la Literatura. Así la práctica más en boga de la hora presente es el bramido. Brama casi media España- sobre todo Madrid- como queriendo helar corazones. No se conseguirá pero no deja de ser notable el ánimo de hacer naufragar incluso la bonanza económica con tal de achicar espacios.

Para el secoandrésyramos de mi cabecera, el bramido es la angustia de un toro de Díaz Cañabate. Pienso, pues, en los toros lorquianos, cambiando constantemente de tendido, “mugiendo como dos siglos, hartos de pisar la tierra”. Anteayer, en Pamplona, indiferentes a la realidad. Por favor, que no vengan sobre Asturias, que aquí ya hubo bastante pasado, somos pocos y nos conocemos todos. A bramar a otra parte. Ojalá pronto, calladitos- desbramados no lo permite el diccionario- de un ramalazo de verismo para lo que Seco cita “Juegos de la edad tardía”:”con tanto detalle y tal verismo que acabaron resignados a la certeza”.

No hay comentarios: