viernes, 19 de enero de 2007

Miguel Ángel Martínez

El ecuador de la legislatura se ha abierto en el Parlamento europeo con la elección de nuevos cargos, entre los que destacan Hans-Gert Poettering, sustituyendo a Borrell, producto del pacto entre los dos partidos mayoritarios. La alternancia en la Mesa se extiende a las vicepresidencias, para las que se ha elegido a Miguel Ángel Martínez. Miguel Ángel tiene en su mejor haber una destacada lucha antifranquista, en el interior y en el exilio, y su labor como diputado nacional desde 1979 a 1996. La inicial común de nuestro apellido ha querido que nos sentemos, ya en la Eurocámara, muy próximos en multitud de ocasiones, con lo que he podido comprobar que mi compañero es una buena síntesis del socialismo clásico -no en vano conoció y mantuvo debates con Indalecio Prieto- y la modernidad humanista. Con su barba y su perfil quijotescos, este manchego ha sido estandarte de la defensa de los derechos humanos sosteniendo que Europa no puede mantenerse aislada de las penurias de los más pobres y que la ayuda al desarrollo es la garantía de un mundo más estable y más justo donde los flujos migratorios sean regulares y de doble sentido. También ha sido un adalid contra la aparente amnesia del período de cuarenta años de una dictadura militar basada en la derrota y aniquilación de las instituciones democráticas que ha permitido que, ahora, muchos se vean capacitados para abonar el campo con publicaciones de voluntad reaccionaria y escaso valor científico (aprovecho para recomendar el último libro de Ángel Viñas: «La soledad de la República» que utiliza por primera vez archivos franceses, británicos y soviéticos, recientemente desclasificados). Sólo te pido, querido Miguel Ángel, una cosa desde Asturias: ¡no cambies, salvo en una cosa: repudia de una vez y sin tapujos la dictadura cubana, precisamente en coherencia con tu vida política ejemplar!

Nota: El mes pasado adelantábamos en esta columna el nombramiento del embajador Emilio Menéndez del Valle, oriundo de Tineo, para Bolivia. Sin embargo, por razones familiares nuestro amigo no ha podido aceptar. Sigue, pues, con su compromiso europeo y su trabajo en la Comisión de Exteriores del Parlamento Europeo.

2 comentarios:

Currupipi dijo...

Artículu n'asturianu pa cuando?

OFICIALIDÁ DARRÉU

Non a la discriminación por mor de la llingua usada

jaime dijo...

CARTA AL EURO DIPUTADO SOCIALISTA ASTURIANO ANTONIO MASIP

Con motivo de la renovación de la Presidencia del Parlamento Europeo y el nombramiento del eurodiputado Miguel Ángel Martínez como vicepresidente, le aconsejabas públicamente a través de la prensa: “Sólo te pido, querido Miguel Ángel, una cosa desde Asturias: ¡no cambies, salvo en una cosa: repudia de una vez y sin tapujos la dictadura cubana, precisamente en coherencia con tu vida polí-tica ejemplar!”
Mal consejo amigo Masip.
Perdona la familiaridad pero en este momento me siento más cómodo tuteándote y perdó-na también si a lo lago de esta carta me voy al usted, será también por cómododidad.
Mal consejo en esta época de frivolidad en la que la pereza mental nos aleja del análisis, de la documentación, del rigor y permite a gentes como algún apegado a Rajoy comparar a Zapatero con Stalin. Por cierto, es curioso que teniendo más próximos por cultura y por geografía a dictado-res como Hitler o como Franco recuerden a un georgiano y es que en el fondo hilan más fino de lo que parece.
Mal consejo amigo, en estos tiempos de trivialidad intelectual. Mal consejo no porque no haya poco que repudiar sino por no dudar al elegir qué parte de Cuba es la dictatorial, la cubana o la americana de Guantánamo. También usted hila fino.
Tú no eres un joven nacido en la posmodernidad, me consta porque soy de tu edad, educa-do en tiempos en que todo se cuestionaba y el análisis, además de ser palabra de moda, se practica-ba en constante ejercicio mental, con peor o mejor fortuna. Con todo siempre es mejor practicar, como dicen los deportistas perdedores, que dejar escurrirse por la rampa del cerebro débil y el pen-samiento flaco.
Mal consejo amigo. Lo que tenga que repudiar Miguel Ángel ha de ser a cambio de algo menos repudiable. Una Cuba con más libertad, con más igualdad, con una democracia más directa, más tangible, más participativa de lo que es hoy pero en absoluto la democracia de basureros llenos de niños disputando su comida con las ratas como Colombia, como Guatemala, como toda latinoa-mérica sin excepción, ni la de Irak impuesta por los caudillos de la democracia liberal.
¿No te das cuenta de cómo el desviado Bush, el tercerviista Blair, el vía estrecha Aznar presumen del termino democracia y se presume de lo que se carece? ¿No ves que la palabra demo-cracia es su bomba de racimo de destrucción masiva?
¿Sabías que Sadam Hussein había sido progresista, laico y demócrata y que su partido, el partido Baas, estaba en la internacional socialista? Me gustaría descubrir quién fue el sagaz que se dio cuenta de que había dejado de serlo para convertirse en dictador megalóman.o ¿Había cambiado Hussein o había cambiado su precio en el mercado del petróleo?
No me contestes, lo hacen con mejor memoria las hemerotecas. Se le ha juzgado y ejecu-tado por crímenes cometidos en la época en que era un buen socialista. ¡Ves los resultados de ser ligeros al hablar de democracia, de libertad, de Stalin o de Hitler o de Husein!
Modestamente creo que tanto la libertad como la democracia, son bienes escasos, como la tarta que hay que repartir y repartir es limitar, en Madrid como en Pekín. Su consejo, Señor Masip, me gustaría más si hubiese sido para indicarnos cómo hacer un reparto equitativo en Cuba y en Es-paña y no me diga, porque ofendería a muchos ciudadanos -¿o no son ciudadanos?-, que tiene igual libertad la madre que muere bajo las bombas que los señores que mandan bombardear a Bush o el preso o el torturado o el que vota en Massachussets a favor de petróleo ajeno. No, la libertad no es un bien ilimitado, termina donde empieza el pedazo, inmensamente grande o inmensamente peque-ño de tarta, del de al lado. Lo que sucede es que se confunde libertad con poder sin más reflexión.
Debajo de las plumas hay carne y debajo del pelo, por mucho que a algunos les cueste admitirlo, hay cerebro. No nos quedemos en las plumas aunque sea cómodo, utilicemos el cerebro.
¿Nunca se ha parado a pensar por qué al inmensamente grande presidente de China no le llaman dictador y sí lo hacéis con el minúsculo cubano cuando en ninguna de las dos repúblicas se hacen elecciones partidarias?
Yo sí he reflexionado y no es una mera cuestión cuantitativa. Se resume en que el régimen económico de China es liberal, de mercado, mientras que la otra república trata de liberarse de la férrea y negra mano del mercado para sustituirla por la ley del reparto, como en la economía fami-liar. ¿Hablamos entonces de democracia o de mercado? ¿De igualdad o de categorías? ¿De dinero o de votos? ¿De libertad o de poder? Incluso en democracia, poderoso señor es don dinero.
¿Tampoco te parece curioso, desde nuestra particular conciencia democrática, que no nos resulte extraño admitir, en nombre de la libertad, la circulación de las mercancías tanto como la circulación del capital y que falte el elemento principal en ese derecho, la libre circulación de los trabajadores? No, amigo Masip, no es que los objetos materiales ni los billetes tengan supremacía sobre el ser humano ni que piensen ni que sientan ni que les hayan crecido patas para viajar por el mundo soñado, es que en realidad es una sinécdoque: mercancías y capital sustituyen a sus propieta-rios. Los dueños de los medios de producción, de los productos y del capital tienen libertad pero no los que no poseen más que su fuerza de trabajo. Así se fabrica una cosa que algunos se empeñan en llamar democracia pero que es poder en su sentido más estricto. Qué cestos democráticos se pueden hacer con semejantes mimbres. La propiedad en el poder, democracia de los hiperpropietarios o burguesa como la llamábamos antaño. Sin embargo hay formas alternativas de participar el “de-mos” en la política aunque quieran hacernos creer con certeza divina, que la menos mala de las de-mocracias sea la de la participación accionarial bursátil, los que obtienen sus rentas en ella.

Mira, a mí no me sorprende que haya más de sesenta mil cubanos en sesenta países parti-cipando en misiones sanitarias y educativas (haciendo cálculo proporcional deja en ridículo el nú-mero de personas capaz de mover, en sus días de mayor esplendor, el PP durante unas horas en la Castellana).
No me sorprende que el más pequeño y empobrecido país tenga más efectivos en campa-ñas humanitarias, sin hacernos sonrojar, que España, que EEUU que el mismísimo mundo de la ONU con toda su UNESCO y su OMS enfrascados en declaraciones de principios, elucubraciones teóricas y definiciones de derechos que nunca dejan de ser formales.
Tampoco me sorprende que no se les reconozcan sus acciones humanitarias efectivas ni sean merecedores de premios como los Príncipes de Asturias y los Cervantes juntos y sí del castigo por infringir derechos humanos ni punto de comparación en su levedad con los que violamos los demás, inhumanos y humanos, fuera de nuestro territorio, en el tercer mundo.
Muchas más cosas no me sorprenden pero mira, lo que de verdad a mí sí me sorprende es que esas decenas de miles de médicos y maestros no elijan abandonar sus erróneas creencias y se pasen al maravilloso mundo libre y democrático al que prestan su servicio.
Ellos creen, como debe creer Miguel Ángel y otros, que la bendita democracia cubana es más humana que la dura dicta burguesa que tu le sugieres.
Cómo voy a atender al burdo discurso oficial de funcionarios del liberalismo y no a los sentimientos de esos miles de misioneros civiles o a Silvio convidándome a creerle cuando me dice Futuro o cuando me suplica: y si no crees en mis ojos, cree en la angustia de un grito, cree en la tierra, cree en la lluvia, cree en la savia. Hay veinte mil buenas semillas en el valle desde ayer… y cuando me canta tantas otra razones llenas de sensibilidad. Ofende preferir creer, en su lugar, a los que nos dictan el pensamiento para ahorrarnos trabajo.
Si Miguel Ángel y los demás estamos engañados los portavoces del mercantilismo tendrán que sacudir su pereza mental y explicárnoslo mejor, a ver si los torpes acabamos entendiendo aun-que será más fácil que acaben sacudiendo no sus perezas sino a nosotros para democratizarnos co-mo a iraquíes.
Convéncete Masip, no a todos nos toca igual cantidad de libertad. Tal es la diferencia de categorías que existen perros mascota, de raza y buena clase, que tienen más derechos humanos que la mayor parte de los humanos.
Mira si hay diferencias que yo hice un viaje a Cuba hace dos años y escribí mis impresio-nes. Estas mismas cosas que aquí digo, eso de la libertad, de que unos se empapuzan con su parte de pastel y otros pasan hambre, de que hay formas de participación más justas y formas de coerción consentidas, de que los derechos humanos se miden por sus carencias y también por sus eficiencias. De que el bloqueo no es broma. De que Cuba es la última Numancia, un país sitiado mental y eco-nómicamente con objeto de rendir a su población obligándola a vaciar la isla huyendo o a morir de hambre en ella. De que en la sitiada Cuba hay gente que huye y gente que resiste, gente que trafica y gente que lucha. De que corruptos como Medem, como Fujimori, como Carlos Andrés Pérez, co-mo Uribe, como Aleman, como Berlusconi no son libertadores por mucho que reciban el benepláci-to de occidente y por mucho que proclamen en nombre del la democracia que la parte que ellos co-men alimenta a todos. De que la democracia que Cuba necesita no es precisamente la que exporta EEUU para sus intereses en el mundo, con apoyo de burguesías internacionales.
Terminaba pidiendo que mejore Cuba, que el reparto del pastel se haga mejor allí pero también aquí en España y en este mísero mundo.
Así, más o menos escribí. Envié el escrito al director de La Nueva España para informar de los pros y contras de Cuba a sus cincuenta mil lectores. No publicó la carta como no la publicó, en papel, ningún medio asturiano o nacional. Salió abreviada por un moderador en el foro digital de Cuba en El País y sólo entera en la página no muy comunista del P. C. (Partido Carlista).
Ante tal unanimidad, no creas lo primero que me pasó por la cabeza fue que el tema no in-teresaría o que la calidad del escrito no alcanzaba los niveles exigidos. Con todo, a pesar de lo ano-dino del tema y la escasa calidad del escrito tuve el atrevimiento de enviarlo a rebelión.org que sí lo publicó y para colmo y para mi sorpresa, a partir de ahí, rodó por diversos medios latinoamericanos. Pudo llegar a cientos de miles de personas gracias a que no fuese adecuado para unos pocos miles de asturianos.
No dudo de que en Cuba me hubiese podido pasar lo mismo con el mismo artículo porque no dejaba de ser crítico pero por distintos motivos que tú y en dirección opuesta a la tuya. La dife-rencia estribaría en que de ocurrirme allí lo que aquí, en este mundo del perezoso pensamiento dé-bil, se consideraría como un atentado contra la libertad de expresión, yo sería un escritor reprimido por una dictadura y podría contar con el apoyo político y económico de la banca libre.
Ese es el pedazo de pastel de libertad de expresión que me toca en nuestra democracia mercantil: nada y eso que puedo considerarme un privilegiado. Aquí los derechos no los reparte la Constitución sino el mercado. Quizás si Fernando Sabater, Juan Goytisolo, Rosa Montero o usted mismo y algunos otros tuviesen un poco menos de libertad sería mejor para la democracia y para los que tocamos a nada en el reparto. Si me apuras, libertad sí para los corruptos, para los poseyentes, para los santos pero no más que para las buenas y humildes gentes.
Hay demasiado sufrimiento, demasiada miseria, demasiada injusticia, demasiado abuso, demasiada rapiña, demasiado saqueo, demasiada arbitrariedad en nombre de la democracia como para dedicarse a las florituras semánticas, a sesudas abstracciones, a jugar con términos del calibre de democracia, libertad, justicia como pelota en elegantes partidas de salón. Mientras la democracia no sirva para impedir que presidentes elegidos avasallen pueblos dejando a su paso regueros de sangre, mientras no sirva para evitar que niños sobrevivan de los desperdicios de sus vecinos opu-lentos, mientras no contribuya a erradicar el analfabetismo y la muerte evitable, de hambre y de guerra, mientras los intereses económicos prevalezcan frente a los humanitarios, vuestra democracia no me vale y supongo que tampoco a Miguel Ángel Martínez ni a muchos cubanos ni a muchos no cubanos aunque sea, para los que sacan provecho de ella, la mejor o la menos mala y aunque valga a los conversos, como moscas, de que cuanto más coma el amo mayor será la cantidad de excre-mentos que evacue.
¿De qué te valdría ahora mismo tu palabra democracia si hubieses nacido en el ochenta por ciento del mundo en el que se vive con menos de un dólar diario, en el que doscientos cincuenta millones de niños están sin alfabetizar por tener que trabajar, de qué si no hubieses nacido en Occi-dente, en Asturias, en la familia Masip? De nada amigo porque ya estarías muerto, porque en el mejor de los casos la demagogia de los hechos te habría enviado al cementerio en nombre de la es-tadística esperanza de vida. Pero tuviste suerte, te tocó lotería y democracia con el mismo número.
Imaginemos. Tus hijos (no sé si los tienes) analfabetos, no pertenecientes a ese veinte por ciento del mundo que gobierna el mundo, una minoría, bolcheviques que lo llaman los rusos. Tus nietos analfabetos y famélicos (no sé si los tienes) en persona, desposeídos de atributos externos, como debe ser la democracia, sin trampas, sin acudir a recomendaciones, ni a ideas como las de aquel miserable al que no importaría volver al feudalismo a condición de ser él el señor feudal.
Qué sociedad realmente existente preferirías para tus hijos, para tus nietos, fuera del mun-do acaparador. Yo sí lo sé para los míos. No, no vas a contestar, vas a decirte que es una pregunta trampa, trampa que para la mayoría es realidad, no ciencia ficción.
Prefieres España y elegirías igual que siete mil cadáveres en el estrecho.

Termino. No se debe caer en la apatía mental, confundir Zapatero y Stalin, Cuba socialista y Cuba de Guantánamo, democracia y dictadura, poderes fácticos y democracia, petróleo y libertad, buenos y malos consejos.

Aconseja al vicepresidente del Parlamento Europeo que no deje que obliguemos a los des-poseídos a hurgar en el basurero de la democracia, que no ataquemos con nuestro bloqueo mental a la sociedad cubana, que Cuba sea más igualitaria, que Cuba sea más solidaria, que Cuba sea más participativa, que Cuba sea más libre, que Cuba sea más democrática, que nos parezcamos más a Cuba.

Por último, hazme dos favores, por una parte traslada a Miguel Ángel Martínez, al que no conozco, junto a mis saludos y felicitación el presente escrito. Y también a La Nueva España, que sí conozco, tú que tienes el privilegio de disfrutar de más democracia y de mayor trozo de libertad de expresión. Quizás así, si se publica, tenga que dudar menos de la democracia que pareces esponso-rizar.
Gracias
Un afectuoso saludo.
Jaime Lisa
Oviedo.