miércoles, 10 de enero de 2007

Ania, el ruso

Mucho he sentido no asistir a la despedida de Juan Rodríguez Ania, luchador destacado de la clandestinidad democrática. Él mismo aceptaba que le llamaran «el ruso»; incluso cuando vivía su gran amigo Nicolás eran «los rusos», pues a buena gala tenían su pasado de «niños de la guerra». Nadie que asume su pasado con nobleza es mala gente y en los casos de Juan y Nicolás se trata de bonísimas personas que habían tenido que sufrir una injusta guerra que les llevó lejos de su tierra. Luego, con el regreso, de nuevo el trato injusto y discriminatorio.

Le recuerdo debatiendo honorablemente sus posiciones políticas en el Club Cultural de la ovetense calle de Palacio Valdés. Discrepamos siempre pero esa nobleza -y la de otros varios, entre ellos José María Laso y Pepe Álvarez, Pepe, el del bar- era entrañable y cautivadora. Todos los 7 de noviembre le felicitaba la fiesta nacional rusa. Al principio él dudaba de si yo lo hacía con humor, pero pronto se convenció de mi respeto a la sinceridad de sus convicciones y una vez que estuvo fuera en esa fecha al llegar a casa preguntó por mi llamada. Para Juan, y para muchos incluso no comunistas, tuvo que ser muy duro constatar las trapisondas de los dirigentes del Kremlin. Recuerdo que Nicolás había conocido, como ingeniero de una fábrica en la que trabajaba, al que sería primer ministro Kossiguine. Hace unas semanas se esparcían en la fosa común las cenizas de Ambou, apasionado como Ania por la vieja Rusia. Me dolió que no compareciese dirigente alguno de IU. El recuerdo y el reconocimiento de las personas que se han dejado la piel no deberían afectarse vengativamente por las diferencias de credo político y aún menos por los matices dentro del mismo espectro ideológico y partidario. Me alegró, pues, que eso no ocurriera con Juan, como bien me informa el miembro de la Ejecutiva de la AMSO que acompañó a la familia Rodríguez Ania y a sus amigos y compañeros.
En fin, desde lejos no puedo menos que recordar para mí aquellos debates sostenidos y lo mucho que aprendí en ellos.
Gracias, Juan.

1 comentario:

Anónimo dijo...

N'ast suena meyor