lunes, 16 de octubre de 2006

Royal/Roure

Hace doscientos años una mujer, Mariane, era simplemente la imagen de la República francesa; ahora parece que Ségolène, con apellido monárquico, puede presidirla.

La conocí hace unos días. Me la presentó Martine Roure, alcaldesa adjunta de Lyon y eurodiputada clarividente, muy compenetrada con los intereses españoles, lo que no es tan frecuente en su país.

Martine acompaña a Ségolène en una frenética campaña a la búsqueda del voto.

"¿Quién cuidará de los cuatro hijos de la Señora Presidenta?”, llegó a preguntarse con menosprecio un varón de los barones socialistas que la quieren apear de su carrera al Elíseo. A veces, Ségolène y Martine, Royal y Roure, se encuentran con que los resquicios del machismo alcanzan a las propias mujeres inseguras todavía del papel político que la misma sociedad asume ya.

La candidatura de Ségolène, que es Presidenta de la región Poitou-Charentes, va a ser la prueba de fuego de la mujer europea; el termómetro de los logros igualitarios. Ella me habla de que quiere introducir todo lo conseguido en pasos y leyes iniciados en España, incluso hay quien la llama desde hace tiempo la “Zapatera”. Yo aprovecho para decirle que me gustaría que Paloma Saénz la conociese y participase con ella y Martine, cada cuál a su nivel, en este ascenso imparable de las mujeres políticas. En este ascenso simultáneo de la dignidad y la modernidad.

Al fin y al cabo no es otra cosa que hacer el lema de Mariane de “Libertad e igualdad”. Lo de fraternidad vino luego y de forma errática.

La compenetración de Martine con Ségolène es tal que aventuro sería una buena primera ministra. “Imposible” me contesta, “sería un ticket demasiado femenino”. Por mi cuenta, por lo que oigo en los pasillos, Martine será, a no dudar, ministra, quizá de Educación. Una buena ministra en una cartera vital para una República cuya enseñanza pública no es ya lo que era.

Suerte a ambas.

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