sábado, 26 de agosto de 2006

Interpretación versus traducción

Con motivo de la intervención de cuerpos especiales de acción rápida contra los incendios gallegos, ha aparecido la noticia de unas plazas de la Administración española en las que se valora la lengua francesa. Estimar para un concurso público el francés, sin duda razonable por la experiencia del país vecino en la materia, resulta insólito, pues pierde enteros cada día. Hace años, Mitterrand obligó a sus embajadores a utilizar su idioma y a imponer de nuevo intérpretes en organismos que habían adoptado rutinariamente el inglés. Aquí, en Bruselas, entre parlamentarios, predomina el inglés en los pasillos; incluso lo usan frecuentemente en sus discursos diversos diputados de otra lengua materna (malteses, bálticos, escandinavos, chipriotas, griegos, holandeses, portugueses...). Un portavoz húngaro opta por el francés, excepción que resulta notable. Los belgas flamencos, por despecho hacia los valones, se manifiestan en inglés antes que en la lengua cooficial de su país, lo mismo que les ocurre a sus electores en la vida cotidiana y comercial.

Los diputados españoles de PP, PSOE, IU y PNV -no así el de CIU y menos aún el de ERC- utilizamos, en comisión, grupo político o plenario, el castellano, reivindicando que haya siempre cabina española de interpretación.

No deberíamos perder jamás nuestra lengua como forma de expresión genuina aunque, pronto será insostenible recibir simultáneamente interpretación en los veintidós idiomas oficiales. El problema para el español comunitario es, a medio plazo, de interpretación. Resultará gasto insoportable. Habría que fijar una fecha para que todos los europarlamentarios entendieran varios idiomas. El peligro evidente está en la traducción, es decir, en la versión escrita de los documentos. Ahí no se puede ceder, pues afecta a la seguridad jurídica y al conocimiento de los propios electores afectados. Vengo insistiendo en ello a raíz de la crisis generada por la publicidad de las sentencias del Tribunal Europeo que solo se difunden en la lengua de las partes y del ponente, aunque esa jurisprudencia influye en el ordenamiento jurídico patrio.

Ya sé que los procesos europeos son excesivamente largos y costosos. Nuestro país, sin embargo, debería volcar ahí su afán, que entiendo prioritario a la interpretación simultánea y a la comprensible manifestación de las lenguas de nacionalidades españolas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Sandra White dijo...

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