lunes, 12 de junio de 2006

Santafé de Antioquia

El Parlamento Europeo nos envió a los eurodiputados Andrikiené (PPE) y Birutis (liberal), ambos lituanos, y a mí a Medellín como observadores para las elecciones presidenciales de Colombia. En un país con parte de su territorio ocupado por organizaciones violentas y mafiosas el desarrollo de una democracia plena tiene serios obstáculos. La situación, no obstante, ha mejorado sensiblemente con respecto a comicios anteriores.

Entre otros, nos entrevistamos con el Gobernador de Antioquia,
Aníbal Gaviria, cuyo hermano Guillermo, que le precedió en el cargo, fue secuestrado y asesinado hace tres años. El Gobernador respondió con naturalidad a las preguntas que le formulábamos sobre la pluralidad política de jurados e interventores y la falta de intimidad para el elector en el momento de rellenar su papeleta. En esas condiciones, las elecciones transcurrieron, si dejamos al margen alguna connotación plebiscitaria, con participación y normalidad emocionantes. El ejercicio del sufragio reflejaba una fuerte voluntad popular de asentar la democracia. La colombiana y eminente Misión Electoral de Observadores (MOE), compuesta por dos mil estudiantes, profesores y sindicalistas, apoyados, entre otros, por la Universidad de los Andes, alegó que era más difícil el derecho de voto en las elecciones legislativas y municipales, donde se hacen más patentes las presiones de caciques, guerrilleros y paramilitares.

Nos trasladamos también a la zona rural, donde visitamos Santafé de Antioquia, que conserva la hermosa huella de la arquitectura colonial. Recibimos allí las cultas explicaciones de la Alcaldesa Janeth, una dinámica joven de 27 años, y de Nelson Osorio, que tiene magnífica información de la política española pero, sorprendentemente, también de la lituana.

Antes de marchar hacia otro punto electoral, la Alcaldesa nos regalaría pulpa de tamarindo, que me recordó la canción de los “Tres Sudamericanos”.

Más que sabrosos sones, Janeth transmite un mensaje de su pacífica comunidad:

- Gracias por haber venido de tan lejos…. Hablen en Europa de esta normalidad electoral…

Aquí, en Bruselas, lo hemos dicho: en Santafé -y en Colombia, en general- hay, en efecto, fe, santísima fe en la libertad. ¡Apoyémosles a seguir adelante!

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Resulta lamentable que las conclusiones de la visita de Antonio Masip a Colombia como «observador del Parlamento Europeo» durante las elecciones presidenciales del pasado mes de mayo se hayan reducido a la constatación de la belleza del paisaje y las analogías con Asturies.

Para eso, hubiera bastado con ir de turista y observar, sin mucho esfuerzo, que Colombia es muy bella y extensa, que sus gentes son amables y diversas y que los nombres de algunas de sus ciudades son iguales a los nuestros porque fueron impuestos por los invasores durante la colonia o colocados por los propios colombianos como homenaje a nuestras hermosas ciudades.

Pero de la «misión» de Antonio Masip esperábamos otras observaciones.

Era imprescindible, como eurodiputado, que constatase si las elecciones presidenciales estuvieron limpias de corrupción y violencia, si todos los candidatos estaban en igualdad de condiciones, si en Colombia unas pocas familias son dueñas de las tierras, las industrias y los medios de comunicación, si cerca de 30 millones de seres humanos viven excluidos y en la más absoluta pobreza, si hay más de 3'5 millones de refugiados internos, si se exterminó a «puro plomo» a cerca de 4.000 personas militantes del partido de la izquierda Unión Patriótica y si se sigue asesinando con total impunidad, como en ningún otro sitio del mundo, a los sindicalistas y a los defensores de los derechos humanos. En fin, constatar si existen democracia y libertades en Colombia.

Pero no. Antonio Masip afirma sin rubor que «Uribe consiguió que el proceso se desarrollase sin violencia», lo cual demuestra que desconoce que los grupos paramilitares -legalizados, indultados y reciclados por el propio presidente- son responsables de la persecución y asesinato de miles de ciudadanos y ciudadanas opositores al Gobierno y a los proyectos de neocolonialismo de las multinacionales -algunas de ellas, españolas- y que lograron -mediante el terror, la corrupción y los sobornos- un control armado e ilegal sobre territorios y personas, incluso sobre las propias instituciones, imponiendo planes, proyectos, silencios y... candidatos.

En ciudades como Medellín y otras regiones de Antioquía que visitó Antonio Masip, los grupos paramilitares, junto con la Séptima División y la Cuarta Brigada del Ejército Nacional de Colombia, han sido acusados de cometer centenares de ejecuciones extrajudiciales de personas civiles, de militantes de organizaciones de izquierda, de sindicalistas, de miembros de organizaciones de defensa de los derechos humanos, a quienes, después de asesinarles, visten y presentan como guerrilleros dados de baja en combate. En Cali, hace pocos días, miembros del batallón de alta montaña masacraron a sangre fría a diez expertos policías antinarcóticos para hacerles «un favor» a los narcotraficantes. En Saravena, miembros del batallón Reveiz Pizarro ejecutaron con disparos en la cabeza a tres sindicalistas de la CUT y los disfrazaron de guerrilleros para que el vicepresidente colombiano los mostrara ante la prensa. En el Urabá antioqueño, desde la época en que el presidente Uribe era gobernador, el contubernio entre grupos paramilitares y las tropas del Ejército comete masacres terribles sobre la población afro-colombiana, que está siendo desplazada con violencia y despojada de sus territorios, hoy en manos de mafiosos y empresarios de la palma aceitera.

Podría citarles innumerables casos de graves violaciones de los derechos humanos y recorte de las libertades civiles que pudimos constatar recientemente, durante la visita que realizamos el pasado mes de marzo. Les invito, a Antonio Masip de forma encarecida, a que los conozcan leyendo el «Segundo informe de verificación de la situación de los derechos humanos en Colombia» realizado por el Gobierno de Asturies.
Pero no puedo dejar de preguntarme, ¿hacia dónde estaba mirando Antonio Masip cuando el grupo paramilitar Colombia Libre de Comunistas amenazaba masivamente a la oposición política, a Uribe, en los días previos e incluso durante los mismos comicios presidenciales del pasado mes de mayo? Porque todos tuvimos conocimiento de las terribles amenazas que recibieron dirigentes de la izquierda y votantes del candidato Carlos Gaviria, en las que se les decía que el color amarillo -identificativo del Polo Democrático Alternativo, PDA- se mancharía de rojo sangre si no salía reelegido el candidato y presidente, Álvaro Uribe Vélez. Y aunque su candidato salió reelegido, las amenazas y condenas a muerte no se han hecho esperar: lista en mano, los dirigentes del PDA están siendo amenazados de muerte en Medellín por los «nuevos» grupos paramilitares por haber hecho campaña de oposición a Uribe en las elecciones parlamentarias de marzo y en las presidenciales de mayo.
Y no me referiré al comentario de Antonio Masip sobre la «importantísima movilización social durante las elecciones», porque la abstención superó el 55 por ciento y el presidente Uribe fue reelegido por el 27 por ciento del potencial electorado. Ni, por supuesto, haré comentario alguno sobre la destrucción por parte de la Policía Nacional colombiana de las cédulas de ciudadanía de indígenas y campesinos, que les impidieron votar, movilizados en el suroccidente colombiano la semana antes de las elecciones, donde cuatro humildes personas -entre ellas, dos niñas pequeñas- pagaron con sus vidas la osadía de hacer oposición social a Uribe.

Diré, amigo Antonio Masip, que te extraviaste en Colombia. Que el helicóptero que pusieron a tu disposición te impidió ver que el Gobierno y algunos empresarios utilizan métodos de control y represión sobre la población indignos en un Estado de derecho y que en tales circunstancias la democracia colombiana, más que imperfecta, es una ficción.

Salud.


Rafael Palacios.
Director de la Axencia Asturiana de Cooperación al Desarrollu del Gobierno del Principáu d'Asturies

Anónimo dijo...

Llama la atención que seas tú, Rafael Palacios, el que critique la labor de Antonio y el importante papel que ha desarrollado en todos los procesos electorales a los que ha acudido como observador. Y digo que llama la atención que seas tú, un político que no sabe como justificar su sueldo, el cual le pagamos todos los asturianos, y tu papel dentro del Gobierno de Asturias deja bastante que desear, pero claro como lo más importante para vosotros en el pacto de gobierno entre la FSA e IU-BA era agarrar todos los puestos posibles... A ver cuando dejáis de entorpecer la labor del Gobierno, y os ponéis a trabajar en serio por los asturianos y las asturianas, deja de buscar la foto con todo y a trabajar.

Salud y república.

Anónimo dijo...

Pero ese Rafael Palacios,¿quién es?,¿de verdad que tiene un puesto oficial en el Gobierno de Asturias?Si así es me parece increíble.

Anónimo dijo...

Claro que lo tiene, de hecho firma el artículo con su cargo oficial "Director de la Axencia Asturiana de Cooperación al Desarrollu del Gobierno del Principáu d'Asturies". Increíble pero cierto.

Saludos.

Anónimo dijo...

Vuestro desconocimiento debería de ser suficiente para que no opinaséis, que atrevida es la ignorancia: fdo, una asturiana republicana y orgullosa de la intervención política de Rafa Palacios.