miércoles, 7 de junio de 2006

Evo



María Aima, la madre de Evo, estaba en su quinto parto. Había perdido a cuatro hijos anteriores y la cosa se presentaba otra vez torcida: se desangraba. La casa se llenó enseguida de mujeres y de hombres silenciosos y solidarios. María pidió entonces un gran pan de horno. No lo había cerca. Uno de los vecinos se decidió a caminar diez fatigosos kilómetros hasta otro pueblo del altiplano. El buen aimara llegó con el pan mientras María seguía luchando entre su dolor y su esperanza. Cuando tuvo el pan y todos estaban satisfechos de haber accedido al capricho de una parturienta, María desveló que lo quería simplemente para repartir entre aquellas gentes.Odena, Loli Fandiño, Conchita Diéguez, Pilar Zapico, Margot, Geni Queipo y otras treinta ovetenses escucharon, admiradas, lo que contaba Raimon Obiols con la misma hondura que debieron ser difundidas las mil y una noches. Sucedía en el Parlamento Europeo. A la vez que Evo evocaba su leyenda, ciertos diputados, poco sensibles, se levantaban despreciando al Jefe de Estado de un país pobre y democrático. Era todo un contraste. No obstante, el boliviano demostró que era listo, digno y más educado. Morales tiene problemas sin cuento; los tiene su país y la pobreza extrema de sus habitantes. Está la energía del subsuelo pero también el agua, -la dulce y la ansiada salada-, la coca, el desarraigo nacional…Él los encara –pienso- con valentía y sinceridad; puede también con errores, que si no se enderezan serán fatales. En ese sentido, no me gustó en absoluto que algunos servidores del Estado-sin Estado la emprendieran con un buen tipo, el asturiano Julio Gavito. Evo vino a explicarse a nuestro Parlamento. Quiere dialogar: el precio del gas que recibe Bolivia está por debajo del mercado. Debe subirlo pero tampoco ignora que a su alrededor, salvo Chile quizá, Argentina y Brasil mal podrían afrontar una inflación desmesurada y repentina. Otros compatriotas suyos, radicales e impacientes, pretenden arreglar de inmediato problemas ancestrales. Hay también amistades íntimas que pueden desviar las soluciones. Como dijo el danés Poul Nyrup Rasmussen, Presidente del Partido Socialista Europeo, no debería contar como únicos aliados preferentes a Castro y a Chávez. Evo, que rememora a su madre y a su maltratada tierra, merece respeto, diálogo, atención, justicia, pero, ojo, también.., ¡talento, prudencia y acierto!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Prudencia,mucha prudencia le hace falta a Evo.Bonita la anécdota del pan para todos pero sus padres ¿no le pusieron Evo por Evita Perón?