viernes, 5 de mayo de 2006

Simios

En una escena de “La ciudad frente a mí”, Paul Newman asesora sobre la repercusión fiscal de una donación a la Sociedad Protectora de Animales. En la España de los cincuenta resultaba chocante. En cambio, ahora y aquí, en Bruselas, la mayoría de mis colegas apoya causas de ese tipo. Por eso debería ser visto como normal que una representante en Cortes, que ha probado su firme compromiso medioambiental en su paso por Sanidad, la Junta General del Principado e Infraestructuras, haya sentido curiosidad por una exposición sobre libertad de los simios. Y es que la supervivencia de los primates y otras especies corresponde al equilibrio de los bosques, a la superación del efecto invernadero y, en general, a una naturaleza con la que el ser humano debería reconciliarse. Sin embargo, en España, todavía resulta risible atacar a quien escucha aunque, en ocasiones, deban oírse opiniones excesivas que el tiempo y el contraste terminan orientando.

Además, la tendencia a ridiculizar el respeto por los animales se ensaña especialmente con las mujeres. Muchas perversidades son parejas a determinado enfoque machista. Los mozalbetes que en fiestas de algún pueblo hispano lanzan cabras desde el campanario tienen comportamiento incívico que nos deja bien malparados como país. Se alegaba que los ingleses practicaban la “caza del zorro” de ahí el valor del Gobierno británico para prohibirla.

Jane Goodall, que ha captado el lenguaje de los orangutanes, y el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF) han sido premiados con el Príncipe de Asturias. En la región hemos conocido a los admirables García-Dory, Jarero, Noval, Junco, ANA, FAPAS, Fundación OSO... En Oviedo hubo concejales de los que recuerdo sus desvelos por la protección de fauna y flora: Antonio Simón, Ignacio S. Posada, Carlos F. Llaneza… A la vez, lamento que un edil que llamaba despectivamente “amazona” a la diputada ahora zaherida- y entonces herida en un grave accidente montando a caballo-, se convirtió, como otros varios, en mozo de cuadra hípica al servicio de adulaciones inimaginables.

Y es que en este asunto del amor –y del desamor- a los animales hay de todo.

Bruselas está, parece, con el futuro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Con la iglesia hemos topado...

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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