lunes, 15 de mayo de 2006

Arboricidas

El gentilicio “carbayón” es más popular, desde hace siglo y medio, que el ortodoxo de “ovetense”. Y es que el arboricidio de una pieza emblemática, en el comienzo de la actual calle Uría, todavía duele en la entraña de la ciudad. La decisión fue de una Corporación decimonónica, dividida, obnubilada por el progreso urbanístico. El Alcalde de entonces tuvo el gesto de votar en contra pero se quedó en minoría. Todo fueron luego versos y lamentaciones hasta la placa que hoy entierra las raíces muertas.

En el XXI el que va para arboricida mayor del Reino es Ruiz Gallardón que, con el soterramiento de la M-30, está realizando una auténtica depredación ambiental. La preocupación por las disposiciones conservacionistas burladas ha llevado al Parlamento Europeo a enviar una inspección. La misma Presidenta de la Comunidad Autónoma, Esperanza Aguirre, ha reconocido que es, en efecto, un asunto de alcance europeo y ha pedido al alcalde madrileño que retrase la tala de determinados árboles hasta después de las elecciones. La Baronesa Thyssen avisa que el hacha de don Alberto es una traición a su Museo y que piensa encadenarse a uno de los magníficos ejemplares que plantó Carlos III.

El Ayuntamiento de la capital ha sido cazado en falta por no presentar los proyectos de impacto en la Comisión Europea. Es la actuación prepotente de quien se cree sobrado de votos.

Los expedientes de los árboles y de la M-30 se verán pronto en Bruselas, aunque quizá demasiado tarde para salvar el Madrid de Carlos III, el Rey Alcalde. Ahora apunta el Alcalde-faraón.

5 comentarios:

Ismael Rey dijo...

No soy conocedor de la relación del toponímico que tanto amamos con la tala del mismo, pero podría suceder que no lo fuera si no lo hubieramos derribado?.
Ahí queda la duda por aquello de que no hay mal que por bien no venga.

Anónimo dijo...

¡Si los árboles centenarios los taló la señora baronesa cuando hicieron la ampliación de la cafetería del Museo! ¡Claro, que entonces no se encadenó a ninguno! La baronesa lo único que quiere es que no le pongan un carril más de circulación, o si lo hacen que se lo pongan también al Museo del Prado (ahí vemos el amor arboreo de la Thyssen). Soy de Madrid, y sabemos que la baronesa, lo único que no quiere es que se dificulte la entrada al museo. Los árboles, francamente, le importan un comino.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

A ver qué pasa con la visita a Madruid de los comisionados del Parlamento Europeo.Además de las obras de la M-30 y las falta de impacto ambiental en el expediente de las contrataciones,deberían ocuparse de eso de los árboles

Anónimo dijo...

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