sábado, 7 de enero de 2006

España, 20 años

Hace veinte años entrábamos en la Unión Europea. En el Ayuntamiento ovetense lo celebramos con la izada de bandera europea, en la plaza consistorial, junto a las de España, Asturias y Oviedo. A la vez, ciudadanos vinculados a los diversos países de la Unión (el futbolista Tompson, Paco Mori, los esposos Cugnac, Fran Menéndez Mancera, Portugués, María Alcira y Paco Abad, Anita Fratarcángeli, William Swanson...) pusieron las entonces once enseñas nacionales en el resto de la balconada. Pienso que fue un acto entrañable. La bandera continental fue colocada por quien representaba el europeísmo militante: don Luis Sela Sampil. Dos décadas han pasado y don Luis ya no está con nosotros, aunque ese talante tan suyo no nos dejará mientras exista la Unión Europea. Aquella noche acompañaba a don Luis su discípulo y correligionario europeísta Mariano Abad, que sigue en la brecha con un entusiasmo admirable. Los méritos del profesor Abad han sido ahora nuevamente reconocidos por la Comisión Europea con una Cátedra Jean Monet («Chaire ad personam»), pendiente de la confirmación, que espero con el año nuevo, de la Universidad de Oviedo. «Veinte años no son nada», que diría la canción de amor, pero para España han sido pasos firmes de modernidad y progreso. Son muchas las dificultades que nos salen, sin embargo, al encuentro. Hay un euroescepticismo en expansión cada vez más virulento y una cierta falta del espíritu comunitario como se entendía hace algunos años... Ha sido una práctica común el usar a «Bruselas», confundiendo demasiado a menudo a la Comisión con el Parlamento y con el Consejo, como chivo expiatorio. La oposición frontal ha pasado a ser más beligerante, olvidando la vieja práctica del compromiso que, aunque nunca satisficiera a todo el mundo, lograba hacer funcionar la Unión. Y con la primera propuesta británica de perspectivas financieras se atentaba contra principios básicos de la cohesión, salvada casi in extremis. Ante tanto euroescepticismo, el europeísmo de Mariano Abad y de otros sigue siendo ejemplar, necesario e imprescindible.