domingo, 8 de enero de 2006

Asturias, en 20 años de Europa

Madariaga, al que tuve el honor de tratar, consideraba a Asturias la región española más europea, incluso por delante- insistía Don Salvador- de Cataluña.

A los veinte años de la integración oficial en la Unión cabe hacer una somera valoración, aunque sea sentimental.

Pienso que si el gran pensador liberal de Oxford viviera ahora se reafirmaría en una parte medular de su razonamiento: Asturias es, desde luego, de un espíritu comunitario muy superior al catalán que se ha dejado llevar más allá de su proverbial prudencia por el localismo en ocasiones irracional, que desnaturaliza la unidad y la utopía europea. Pero si ganamos a todas luces a Cataluña, habría que plantearse, no obstante, la velocidad de crucero y la apuesta paneuropea de otras regiones españolas sobre cuya adhesión continental el gran liberal apenas entró. Son los casos de Andalucía, de Extremadura, de Valencia, y aún de Canarias, considerada ésta ultra periférica por su situación geográfica y también en la descripción jurídica. En un reciente viaje a Las Palmas encontré personas que seguían al dedillo los mínimos sucedidos en todos los órganos de la Unión Europea como no he visto por aquí.

Hemos recibido fondos que han sido imprescindibles para nuestra convergencia y nuestro progreso. A cambio, Asturias ha disciplinado su economía hasta sufrir como nadie- es decir, más que nadie- para adaptarse a Europa. Es de justicia que Europa tenga un gesto definitivo con la región Además de ese gesto último que reclamo de la Gran Europa, estaría bien que los asturianos siguiéramos de cerca, muy atentos, todos los estornudos europeos que muchas veces se confunden y tergiversan utilizando fuentes impropias.

Hay el consejo médico tópico, que es siempre una disyuntiva ridícula, de que el catarro se cura con una semana de medicación o también con una semana sin medicación alguna. Por si acaso falla en Asturias, como hace la sociedad civil canaria, todos deberíamos manejar al dedillo el vademécum de las recetas europeas. Ese conocimiento social generalizado es quizá lo que nos falta para converger definitivamente por encima de las cifras que parecen favorables de las estadísticas.

Somos más europeos que hace veinte años pero, desde luego, no sé si ya “los más europeos” entre los españoles.

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