sábado, 24 de diciembre de 2005

OPA, punto final europeo

El pasado martes 29 de noviembre me sentaba, como todos los martes, en mi escaño de la Comisión Jurídica del Parlamento europeo, cuando la señora Neelie Kroes, que estaba en estrados, se dirigió hasta mí para darme simplemente los «buenos días», bajo los flashes de los fotógrafos. Era un gesto significativo. Atrás quedaba la polémica que habíamos sostenido durante mes y medio sobre si la jurisdicción correspondiente para tratar la OPA de Gas Natural/Endesa era Bruselas o Madrid. En el origen de aquella discusión, que tuvo ribetes agrios y extraños, creí ver en la poderosa comisaria de la Competencia la imagen de una personalidad dispuesta a ceder ante la recomendación de sus correligionarios del PP español. No obstante, era de todo punto evidente que solo cabía rechazar de plano lo que no se ajustaba a la normativa y a la jurisprudencia comunitaria: ¿Cómo avalar el cambio de campo de juego si lo que exigiría tan solo el 66,6% de volumen de negocio en España alcanzaba más del ochenta por ciento? Así las cosas, el itinerario procesal de la OPA estuvo pendiente durante semanas de una decisión que tardó demasiado en producirse. La señora Kroes actuó, por fin, como correspondía, dando, no obstante, una pataleta con la que lamentaba la insuficiencia de la legislación comunitaria y su personal obligación de someterse a estrictas normas que le gustaría en el futuro cambiar. A la larga reafirmaba la competencia española a la luz de las disposiciones vigentes y ridiculizaba la calumnia de que tuviese algo que ver con los fondos de cohesión que dependen de autoridades jerárquicamente distintas del derecho europeo. No sé cuál será el resultado final de la OPA que depende de los mecanismos reguladores del mercado y de los accionistas. Da la impresión de que tanto esfuerzo en el problema formal de la jurisdicción, haciendo creer que lo blanco es negro, conduce a pensar que las marrullerías no son socialmente nada buenas. En cualquier caso, la comisaria Kroes me daba la mano tras poner punto final a la opa de las opas. La política, aquí en Bruselas, es, por lo menos, elegante.

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