sábado, 24 de diciembre de 2005

Conferencia de Barcelona

Este fin de semana se celebra en Barcelona el décimo aniversario de la Conferencia de Barcelona de 1995, en la que se reunieron los gobiernos de Europa y del Mediterráneo para intentar una estrategia de colaboración permanente. Fue un éxito de los anfitriones, Felipe González y Javier Solana, actualmente Sr. PESC (el principal responsable de la política exterior y de defensa de Europa). Como preparación de la cumbre de jefes de Estado mantuvimos el pasado fin de semana en Rabat una reunión extraordinaria de la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea con el fin de implicar a los representantes de los ciudadanos en el conocido como «Proceso de Barcelona». Hoy, aún más si cabe que ayer, el Mediterráneo es una de las prioridades de España. También lo debería ser de la Unión Europea. No obstante, la ampliación al Este de la Unión Europea en los noventa se hizo sacrificando la atención que merece el Sur. Ahora, diez años después de la Declaración de Barcelona, Europa debe reequilibrar su flanco más vulnerable. No en vano, suele recordar Josep Borrell, presidente del Parlamento europeo, se trata de la frontera de mayor desigualdad económica del mundo. Las alternativas en el Mediterráneo, siguiendo a Raimon Obiols, son urgentes y graves: guerra o paz en el conflicto israelo-palestino; desigualdad o reequilibrio socioeconómico entre el norte y el sur del mar compartido; democracia y derechos humanos o autoritarismo y represión; gestión solidaria de las migraciones o éxodos masivos y caóticos; emancipación o represión de la mujer; choque de civilizaciones o diálogo-alianza de culturas, como defienden Rodríguez Zapatero y Kofi Annan; degradación del ecosistema o preservación de los equilibrios medioambientales. Dicotomías que se resumen en una: solidaridad o barbarie. La «alianza de civilizaciones» será un eje fundamental de las decisiones que se adopten en Barcelona. En Rabat, como resaltó Pasqualina Napoletano, por impulso del Parlamento europeo, se ha dado un paso importante: una moratoria para la pena de muerte en todos los países del área. Ojalá que pronto se ascienda otro peldaño fundamental en los derechos humanos: el ejercicio de la autodeterminación para un pueblo que lo reclama desde hace décadas, el Sahara Occidental.

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