domingo, 13 de noviembre de 2005

Tartamudos II

El pasado mes de febrero nos referíamos desde esta columna a las barreras legales de los tartamudos y a las primeras acciones que iniciaba mi oficina parlamentaria para contribuir a superarlas. Hoy, aquí en Bruselas, me produce una íntima satisfacción que el Gobierno español, a través de su portavoz, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, haya anunciado la derogación de veinte disposiciones que limitaban el ejercicio de los derechos ciudadanos de los afectados por esta minusvalía. Eran disposiciones de diverso calado legal que condicionaban el derecho a la igualdad; no en vano, las estadísticas señalan que el 5% de la población infantil está condicionada por ese problema, un 20% de los cuales (un 1% de la población total) no lo superará si no recibe a tiempo un tratamiento adecuado. Aquí, esta vez en Estrasburgo, celebramos una recepción el pasado martes, 25 de octubre, que está destinada a ser histórica. Invitaban Elsa (Liga Europa de Asociaciones de Tartamudos), con su presidente, el inglés Edwin Farr; y la española Ttm (Fundación española de la tartamudez), con su presidente, Adolfo Sánchez. Entre bambalinas y en el anonimato, el éxito de esa reunión se debe en gran medida a Alejandro Rojas Marcos, el político andalucista, y a mi colaborador Pablo Sánchez la Chica, que prestó todo el apoyo posible. Con este motivo se presentó la declaración del «Día internacional de la tartamudez», emitida por el intergrupo de discapacidad (grupo de diputados que trabaja en favor de los minusválidos), presidido por el laborista Richard Howitt, que pretende aumentar la concienciación de los problemas de los tartamudos y reducir la discriminación y los estereotipos negativos. El texto señala que «los tartamudos tienen derecho a recibir una terapia apropiada para las necesidades y características de cada uno, por profesionales suficientemente formados para tratar la tartamudez y los problemas que conlleva». Se pide un reforzamiento de la legislación antidiscriminatoria a través de una directiva europea para los tartamudos. Asimismo, se constata que «los tartamudos tienen el derecho a tartamudear, o a tener fluidez verbal en la medida de las capacidades de cada uno, y el derecho a comunicarse y a ser escuchados

1 comentario:

David dijo...

Antonio, no te conocía y me agrada que este blog defienda al tartamudo y se solidarize con él.
Yo lo soy y sufro a diario la ignorancia de la gente y la dificil busqueda de un empleo en una sociedad egoista.
Considero al año saliente como histórico para las personas tartamudas, pero esto no ha hecho nada mas que empezar, ya que se debería tratar este tema como otros de igual discapacidad.
Espero y deseo que desde tu puesto de diputado nos ayudes a, por lo menos, dejar de ser los discriminados de esta sociedad.