martes, 6 de septiembre de 2005

Servicios para todos

La propuesta de directiva de servicios, conocida como directiva Bolkestein, en honor del comisario liberal que la propuso ya por el año 2004, sigue siendo objeto de encendidos debates y causa de divisiones en el Parlamento Europeo.

Esta directiva ha sido, para algunos, el paradigma de la Europa ultraliberal (en Francia les bastaría con calificarla de liberal, tan degradado está el término) que ha sido rechazada en los referendos galo y holandés. No es pura coincidencia que el comisario hiciera su propuesta al final de su mandato dejando un avispero como legado de su paso por aquí, Bruselas. Tampoco es casualidad que coincida con la ampliación de la Unión a 25 estados miembros. Para algunos, se quería aprovechar la ocasión para que las grandes empresas se establecieran en países que han sufrido una profunda transformación tras la caída de las dictaduras comunistas y que, en la mayoría de los casos, han optado por hacer tabla rasa y construir una economía de mercado desde cero. Las legislaciones laborales de estos países apenas alcanzan los estándares mínimos internacionales. Por eso se teme tanto "el principio del país de origen", que uniría la dificultad de conocer la legislación de los 25 estados miembros con la escasa atención que se ha ofrecido a la protección social en unos países que han querido crecer a marchar forzadas y a expensas de una gran desigualdad social.

Por otro lado, la economía europea necesita un revulsivo que la saque de su actual estancamiento y, dado que los servicios suponen más de la mitad de producción de las economías desarrolladas, es de lógica atacar esta parte del pastel. Hay que evitar posturas maniqueas. Después de la brecha producida por los noes francés y holandés a la Constitución Europeas hay que impedir la separación entre los antiguos miembros y los nuevos, entre los que se encuentran dentro del sistema y los que quieren entrar en él.

El entendimiento es difícil pero no imposible.

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