lunes, 6 de junio de 2005

Raul Rivero

Una vez más Castro condena al desamparo a la población cubana. Tras el desastre provocado por el último huracán que ha azotado la isla, Castro se ha aprestado a declarar que no aceptará ayuda norteamericana ni europea.

La política de la Unión Europea con respecto a Cuba puede parecer confusa cuando no errática. Mi compañero Obiols suele poner un símil aclarador: sería como una partida de ajedrez de veinticinco contra uno. Ese uno es Castro, con un objetivo muy preciso, el mantenimiento de su régimen. Los veinticinco son los miembros de la Unión, de acuerdo en la estrategia pero disintiendo muchas veces en la práctica. A veces se sienten demasiado atraídos por el efectismo de una jugada y pueden llegar a perder de vista el objetivo último: una Cuba libre al tiempo que independiente. Para ilustrarnos sobre las complicaciones de la partida, Raúl Rivero visitó recientemente el Parlamento Europeo acompañado por la Responsable de Relaciones Exteriores del PSOE, Trinidad Jiménez, que tanto influyó en su salida de prisión. Rivero agradeció en primer lugar la sensibilidad que los socialistas europeos muestran con respecto a Cuba y la preocupación de éstos por la falta de democracia y por la violación de los derechos humanos que se produce en la dictadura castrista.

Raúl Rivero se mostró muy moderado en sus declaraciones. Defendió el papel que puede jugar en la transición la oposición interna al régimen. Se mostró preocupado por el deterioro permanente de la situación interna, por la imperiosa necesidad de modernización económica y social de la isla y rechazó frontalmente el embargo, al que calificó de torpe, inútil e indignante.

El intelectual cubano dio un ejemplo muy pertinente: no se puede enseñar a la población a leer para después prohibirle los libros. El mismo fue acusado por el régimen de la posesión de una biblioteca con libros subversivos. ¡De qué serviría la lectura si no nos animara, al menos, a cambiar el mundo!

Pidió el mantenimiento de las embajadas extranjeras en Cuba, pues favorecen el diálogo y permiten al pueblo cubano comunicarse con el mundo. Defendió una posición de apertura constructiva de diálogo como la mejor fórmula para evitar que el régimen se endurezca aún más y conseguir así ventajas para la población.

Así se ven las cosas aquí, en Bruselas. Muchos cubanos de bien nos están ayudando a tener una política europea con respecto a Cuba en la que primen los fines y no los medios.

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