sábado, 21 de mayo de 2005

Siñeriz

Mañana los franceses votan por todos los europeos.

Si gana el “sí” el camino, no exento de obstáculos, seguirá su trazado, algo errático ciertamente, pero de progreso; si es el “no”, se manifestará la frivolidad del mensaje de una cierta izquierda que pretende conseguir una inimaginable “Más Europa”.

El origen remoto de una Constitución para Europa estuvo en Asturias. La Junta General del Principado, con el inestimable compromiso de su Presidenta, María Jesús Álvarez, la aportación de experto, y hasta de editor, de su letrado Don Alberto Arce y el prólogo del Profesor Ortiz de la Torre, acaban de dar luz al opúsculo de Juan Francisco Siñeriz que en 1839 redactó un proyecto de Constitución Europea.

Siñeriz, de Suerio (El Franco), fue un preclaro precursor. El texto, breve, conciso y entrañable. Una auténtica reliquia, ahora sobria y magníficamente impresa por “Gofer”, una industria familiar ejemplar.

Aquí, en Bruselas, en estos días de incertidumbre, con la preocupación de los referendos francés y holandés- éste para el próximo miércoles-, y el documento paralizado sobre las perspectivas financieras, con británicos que siguen reivindicando privilegios insostenibles y alemanes en total crisis económica y política, puede verse como una mueca de esperanza el texto de Siñeriz y la iniciativa de su reedición.

Juan Francisco Siñeriz soñó una Europa unida como mejor antídoto contra la guerra. Su proyecto, idealista, no carecía de una estructura jurídica. El autor establecía que las reclamaciones entre estados se resolviesen ante un tribunal supremo para todo el continente. Hoy en día se hace así. Se coopera en materia de libertad, seguridad y justicia. Se sanciona a los países miembros que atentan contra las bases de la democracia. Se ha pasado de un proyecto meramente económico a uno político como mejor garantía del mantenimiento de la paz dentro del continente europeo y del fomento de los derechos humanos en todo el planeta.

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